2 LA BATALLA NAVAL DE LEPANTO
El por qué de la Batalla de Lepanto no se puede entender si la aislamos del contexto histórico inmediato de finales del siglo XVI, cuando en el Mediterráneo se decidía el futuro de Europa: predominio de occidente o de oriente, de la religión cristiana o de la musulmana.
En 1566, el cardenal Ghislieri fue nombrado papa, tomando el nombre de Pío V; y Luis de Requesens, que en aquel entonces era embajador de España en Roma, apoyó el nombramiento.
El Papa, que fue canonizado, era un hombre piadoso, austero y alejado de las clásicas pompas vaticanas, que se percató inmediatamente de los peligros otomanos.
Llamó a una cruzada contra el turco y promovió una liga de ámbito eminentemente religioso pero no exenta de connotaciones políticas, nombrando a Juan de Austria “generalísimo” de todas las tropas.
La presencia turca representó una amenaza para la cristiandad durante mucho tiempo, tanto en elMediterráneo como en sus sucesivas incursiones hasta las puertas de Viena.
Cuando en 1570 atacaron la isla de Chipre, posesión veneciana, esta agresión trajo como consecuencia la formación de la Liga Santa.
Hacía años que las naves turcas se habían lanzado al control del Mediterráneo occidental; las costas italianas y españolas estaban cada vez más amenazadas.
Ante el creciente peligro, España, Venecia y los Estados Pontificios se aliaron para enfrentarse a la armada turca y detener su avance. Así se constituyó la Liga Santa que se puso bajo el mando de don Juan de Austria, hijo natural de Carlos V, auténtico profesional de la milicia de dotes excepcionales.
Felipe II había trazado a través de su hermanastro, Juan de Austria, el armazón de una flota combinada con los más prestigiosos almirantes de la época.

Relación de la guerra de Chipre y suceso de la batalla naval de Lepanto,
escrito por Fernando de Herrera. Sevilla, 1572
Biblioteca del Museo Naval de Madrid

Montante bendito de Juan de Austria
Museo Naval de Madrid
Desde la época del papa Julio II, cuyo pontificado tuvo lugar entre 1503 y 1513, se venía concediendo un estoque o montante a los personajes beneméritos de la cristiandad para premiar su labor en defensa de la fe católica. El papa Pío V concedió éste a Juan de Austria tras la batalla naval de Lepanto.

Museo Naval de Madrid
LOS PROTAGONISTAS
LOS PERSONAJES

San Pío V
Pío V, nacido en el pueblo italiano de Boscomarengo, fue Papa durante el período 1566-1572.
Los turcos que se estaban extendiendo por todo el Mediterráneo oriental, en 1569 exigieron de los venecianos la evacuación de Chipre y amenazaron con la guerra. Pío V estaba empeñado en formar una liga de todos los estados cristianos. Tan solo Felipe II y los venecianos secundaron la convocatoria del Papa.
Seis meses después de la batalla de Lepanto murió Pío V, Clemente XI le canonizó y sus reliquias descansan en Santa Maria la Mayor de Roma.

Felipe II
Felipe II, nació en Valladolid en 1527 y falleció en El Escorial en 1598. Hijo del emperador Carlos V e Isabel de Portugal; tenía solo 15 años cuando ocupó la Regencia.
Entró en la Liga contra los turcos porque quería conser- var su dominio sobre la parte occidental del Mediterráneo, especialmente en el norte de África.

Selim II
Selim II (1566-1574), sucedió a su padre Solimán el Magnífico en el imperio turco. En contraste con su padre, él quiso, en parte, apartarse del gobierno, delegando esa tarea al gran visir o primer ministro Mehmet Sokolin. Su principal expedición militar tuvo como final la conquista de Chipre para los turcos. Selim II se repuso de la derrota de Lepanto, consiguiendo un nuevo y más fuerte incremento naval turco en el Mediterráneo.

Juan de Austria (1547-1578)
Hijo natural de Carlos V y Bárbara Blomberg.
Hasta la muerte del emperador pasó su juventud con la familia de Luis de Quijada en Villagracia.
Antes de morir, Carlos V quiso verle y seguidamente fue reconocido por Felipe II como hermano, aunque no le concedió el título de “Alteza”. Esta singular posición exigía que fuera el primero en todos los posibles cargos que ocupó. Es por ello que a los 22 años fue nombrado capitán general del mar, sustituyendo a García de Toledo, virrey de Nápoles.
Felipe II conocía bien los peligros que tal designación implicaría, por lo que creó un Consejo que asesorara al joven y arrogante Juan. El monarca hizo público este nombramiento, especificando en el documento que Juan no podía tomar decisión alguna sin la aprobación de sus consejeros, especialmente de Luis de Requesens. Cuando fue nombrado, por el papa Pío V, almirante de la Liga contra el turco, tenía solo 24 años. Tras Lepanto, tomó Túnez. En 1576 gobernó la parte de la península itálica que estaba bajo dominio de la corona española; después pasó a los Paises Bajos, pero su gestión no gustó a su hermanastro Felipe II. Murió a los 30 años.

Luis de Requesens
Hijo de Juan de Zúñiga y de Estefanía de Requesens.
El emperador Carlos V le eligió como tutor de su hijo y futuro rey Felipe.
La tutoría exigía su presencia física por lo que tanto los padres como el hijo tuvieron que seguir a la corte y trasladarse a Valladolid.
Felipe y Luis, nombrado paje del príncipe, se llevaban un año de diferencia. Felipe confiaba en Luis y creía que era la persona adecuada para formar y “tutelar” a su hermanastro.
Requesens era consciente de la difícil posición de Felipe II, le correspondía ayudarle y lo hizo hasta el final de la batalla de Lepanto.
Andrea Doria (1539-1606)
Genovés, fue, junto al Duque de Alba, uno de los personajes que influyeron más o menos indirectamente en el ánimo de Juan de Austria y en la victoria de Lepanto.
Su actuación en Lepanto fue muy criticada; le llamaron traidor por alejarse del centro de la batalla. Daba la sensación de querer huir, sin embargo los estudios históricos, en su gran mayoría, reivindican que su fuga fue un ardid para acaparar la atención de los turcos.
Formaba parte del consejo ejecutivo que debía orientar a Juan de Austria, gran conocedor de los secretos de la navegación y de la lucha marítima, le acompañó con sus consejos; especialmente le indicó que mandara sacar los espolones de las galeras que impedían la acción de la artillería, medida que ayudó en la victoria de la escuadra cristiana.
Duque de Alba
Su controvertida figura aconsejó, en el terreno humano, cómo tratar a los soldados: se debía pagar puntualmente a los soldados lo que se había pactado, debía ser siempre afable, elogiando a todos los soldados independientemente de su país de origen, ser un soldado más entre ellos y reconocer sus actos heroicos…
Juan lo entendió y, a pesar de su carácter, lo puso en práctica. Un hecho concreto: después de la batalla de Lepanto y de regreso a Mesina, visitó a los heridos, les confortó y aumentó con algunos escudos su paga.
Marco Antonio Colonna (1535-1584)
Era el almirante de la flota de la Santa Sede. En la batalla de Lepanto dirigió la escuadra central junto a Juan de Austria a quien ayudó cubriendo con arcabuzazos las acciones de La Real. Fue su barco el que arremetió contra el que comandaba el sultán.
Agustín Barberigo (1518-1571)
Fue jefe de la división izquierda de la armada cristiana. Asistido por Marco Guirini había desempeñado la función de general de la armada veneciana que había logrado burlar al turco en Chipre. Con esta flota acudió a Lepanto en cuya batalla falleció de dos flechazos en la cabeza.

Álvaro de Bazán (1526-1588)
Fue el general de la reserva en Lepanto y un personaje clave en las estipulaciones anteriores y posteriores de Lepanto entre las partes integrantes de la Liga.
Posteriormente obtuvo una victoria contra los franceses en las Azores (1582) durante la guerra de sucesión de Portugal. Se le encomendó la coordinación de la Gran Armada que debía invadir Gran Bretaña pero murió antes de zarpar.

Alí Pachá
Alí Pachá destaca entre los generales turcos y era el almirante supremo otomano. Cometió varios errores tácticos, entre ellos el de zarpar tarde y agrupar demasiadas naves en el núcleo de la formación.
Luchó hasta ser abatido en su nave, La Sultana, por disparos del arcabuz de Colonna.
Mohamed Sirocco
Era el apodo que los italianos le dedicaron puesto que su nombre era Mohamed Chuluk. Provenía del Sahara y de ahí el apelativo del viento siroco tan típico de algunas regiones italianas.
El gobernador de Alejandría le encomendó la comandancia de la escuadra derecha; con ella puso en un serio aprieto a Barberigo, pero la intervención de una flota enviada por Bazán redujo sus efectivos y Sirocco terminó por rendirse.
Pertau Pachá
Era el general en jefe del ejército turco en tierra e intentó ayudar a Alí Pachá. Chocó contra la galera de Colonna cuando ésta acababa de embestir a La Sultana en asistencia a La Real.
Muerto el almirante Alí Pachá, fue interceptado por naves cristianas y agonizantes por el impacto de una piñata incendiaria, murió poco después.



LAS EMBARCACIONES
Las embarcaciones, también fueron protagonistas de la Batalla de Lepanto.
En el lugar más destacado las galeras. Pero junto a las dos galeras más importantes, La Real y La Sultana, hay otras embarcaciones que también participaron en esta batalla.
El barco fundamental de las flotas era la GALERA, vaso largo y estrecho, de perfil bajo, de unos 40 metros de eslora, 5 de manga y 1 metro de calado. Tenía una proa con espolón y castillo, la arrumbada; entre 24 a 35 bancadas de remos en los costados, divididos por un pasillo central, la crujía; y una popa, la carroza, donde se alojaba el mando.
Arbolaba uno o dos mástiles con velas latinas o triangulares. Cada remo era movido por entre 2 y 5 hombres, según el tamaño de la nave. En la proa artillaba entre 3 y 5 cañones, más falconetes en los costados. Y se guarnecía con arcabuceros y mosqueteros que podían disparar desde los castillos o las bordas.
Era una nave frágil frente a la mar gruesa. La GALEOTA era más pequeña, de unos 27 metros de eslora y 3 de manga, con unos 18 remos por banda. Naves auxiliares eran las fustas, fragatas y bergantines.
Las galeazas eran venecianas y tan pesadas que debían ser remolcadas hasta el punto de choque, tenían velas y remos y unos 44 cañones; su amplitud permitía transportar numerosos arcabuceros.
Las galeotas y fustas eran parecidas a las galeras pero de menor tamaño. Fueron las unidades ligeras de la armada turca en Lepanto. Tenían solo 16 remos por banda y portaban cañones en los extremos y soldados en los lados. Eran muy útiles para abrir brechas en las batallas navales.
Las fragatas y los bergantines tenía velas, de dos o tres palos, y su misión era de refuerzo y de vigilancia. Servían para pasar revista a toda la armada por su celeridad y ayudaban en la función indispensable de proporcionar víveres, municiones y traslado de heridos y de soldados.

Galeota - Pequeña galera de 16 a 23 remos por banda
Museo Naval de Madrid
ANTES DE LA BATALLA
Una vez tomada la decisión de emprender una expedición naval y reunida en Mesina la flota de los coaligados, había que decidir el objetivo específico que no podía ser otro que la destrucción de la flota turca de Alí Pachá.

La única duda era si atraerla al combate con una demostración en un punto vital del imperio turco o si ir directamente a su encuentro. Esta última fue la que prevaleció finalmente.
El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar una batalla naval en el Golfo de Lepanto, entre el Peloponeso y Epiro, que enfrentó a los turcos otomanos contra una coalición cristiana, llamada Liga Santa, integrada por el Papa, la República de Venecia y la monarquía de Felipe II.
La armada de la Liga abandonó Mesina, avistando las naves otomanas el 7 de octubre en el golfo de Lepanto. Su fuerza era considerable: 215 galeras, 6 galeazas y 20 navíos armados, además de algunos bergantines y fragatas, totalizando 1.215 piezas de artillería; iban embarcados alrededor de 90.000 hombres entre soldados, gente de mar y remeros.

El sultán había ordenado a Alí Pachá presentar batalla a los cristianos. Su flota había llegado a Lepanto el 29 de septiembre y era superior en barcos a la de los cristianos pues sumaba 221 galeras, 38 galeotes y 18 fustas pero con solo 750 cañones. Sus efectivos humanos eran de 83.000 hombres, peor armados en arcabuces y mosquetes.
Más de 400 galeras y casi 200.000 hombres se enfrentaron en una lucha que mostró el poder de la artillería europea sobre la marina otomana.
ARMADA DE LA SANTA LIGA
ESCUADRA DE EXPLORACIÓN
Juan Cardona. Capitán General de las Galeras de Sicilia.
Esta Escuadra se disolvió y subdividió en el Despliegue, pasando las 4 galeras venecianas a la cola de la Escuadra de Retaguardia y las 4 españolas a la cola de la Escuadra de Vanguardia.
ESCUADRA DE VANGUARDIA (Segunda Escuadra)
Juan Andrea Doria. Príncipe de Melfi.
Esta Escuadra, en el Despliegue, ocupó el ala derecha. Con 50 naves.
ESCUADRA DEL CENTRO O BATALLA (Primera Escuadra)
Juan de Austria. Capitán General del Mar, Generalísimo de la Armada, al mando de La Real Esta Escuadra, en el Despliegue, ocupó el centro. Con 62 naves.
ESCUADRA DE RETAGUARIA (Tercera Escuadra)
Agostino Barbarigo. Proveedor General de la Armada de Venecia. Esta Escuadra, en el Despliegue, ocupó el ala izquierda. Con 49 naves.
ESCUADRA DE SOCORRO (Escuadra de Reserva)
Marqués de Santa Cruz. Capitán General de las Galeras de Nápoles. Esta Escuadra, en el Despliegue, se colocó detrás de la Batalla, acudiendo a los lugares de máximo peligro. Con 31 naves.

Espada de Álvaro de Bazán
Museo Naval de Madrid

Galera Real al mando
de Juan de Austria
ARMADA TURCA
CUERNO DERECHO
Mehmet Sulik Bajá Sirocco. Virrey de Alejandría. Con 60 galeras y 2 galeotas.
CENTRO
Alí Pachá. Capitán Pachá de la Armada Otomana, al mando de La Sultana.
Con 87 galeras.
CUERNO IZQUIERDO
Uluch Alí. Beyberley de Argel. Con 61 galeras y 32 galeotas.
ESCUADRA DE SOCORRO
Murat Dragut Rais.
Con 8 galeras y 22 galeotas.

Alí Pachá
LA BATALLA
En total son 215 galeras cristianas y 210 galeras turcas, aproximadamente. Unos 50 barcos más pequeños y ligeros por bando les acompañan, cumpliendo misiones de enlace y exploración. La escuadra cristiana está compuesta por un total de 90.000 hombres y su enemiga por un número similar..

Casco de hierro español
Museo Naval de Madrid
Los hombres de Juan de Austria suman unos 36.000 soldados de infantería, más unos 34.000 marineros y galeotes libres que son armados para que, llegado el momento, se sumen también al combate. Otros 20.000 hombres van como remeros forzados; de ellos, los que no son esclavos comienzan a ser desencadenados con la promesa de libertad e indulto de sus penas si demuestran su valor en la lucha.
En la armada otomana los hombres de armas son menos, en torno a 20.000; además tiene el problema de que un elevado número de sus galeotes son escla- vos, en gran parte cristianos, por lo que no son a muchos los que pueden liberar para que les ayuden en la batalla.
Por lo tanto, la flota de la Liga Santa dispone del doble o triple de combatientes que el enemigo, lo que va a ser determinante en el resultado final.

Ramal de cadena de galeote condenado a galeras
Museo Naval de Madrid
A las 9 de la mañana, ambas escuadras se divisan con claridad y, mientras avanzan una contra otra, van desplegando las banderas y los estandartes, sacan las imágenes y los crucifijos, suenan trompetas y tambores, se reza, bendice, canta, grita y arenga, tratando de provocar el paroxismo y motivar al máximo a los combatientes.
A los remeros se les da vino y comida para que afronten el embate con energía. Al mismo tiempo se despejan las cubiertas, se amontonan municiones y se preparan las armas y las herramientas de abordaje.
Poco a poco los cristianos consiguen situar en vanguardia a las 6 galeazas, galeras más altas, grandes, muy pesadas y lentas, pero fuertemente armadas, cuya misión es hendir y romper la formación enemiga.
La batalla se inició con el ataque frontal de ambas flotas desplegadas en línea e intentando, Alí Pachá, envolver solo el ala derecha cristiana, ya que el ala izquierda se extendía hasta la costa.
Han pasado 5 horas desde que las dos flotas se han avistado. Poco a poco se van acercando.
Las galeras navegan en paralelo sin apenas poder maniobrar; solo marchan hacia adelante al ritmo de la boga, hacia el choque.
Son las 12 del mediodía y el infierno está a punto de desatarse.
Los buques cristianos formaban en línea, con las galeazas, fuertemente artilladas, en vanguardia; y, en retaguardia, la reserva de Álvaro de Bazán, lista para combatir donde pudiera convenir en cada momento.
Los otomanos formaban una media luna.


Peto
Museo Naval de Madrid

Rodela italiana (S.XVI)
Museo Naval de Madrid
A esa hora, cinco de las seis galeazas cristianas, que marchan a la vanguardia de la flota, se aproximan a los turcos. Semejantes a castillos, cuentan con 44 piezas de gran calibre cada una. Los otomanos les disparan, con escasos resultados; en cambio, los cañones de las galeazas arrasan las cubiertas de los buques próximos y envían a pique a varias galeras turcas.

Falconete español (mediados S.XVI)
Museo Naval de Madrid

Sacabuche español (S.XVI)
Museo Naval de Madrid

Caña de falconete (fin S. XV- principios S.XVI)
Museo Naval de Madrid

Esmeril español (S.XVI)
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La armada de Alí Pachá les deja atravesar sus filas para sufrir menos daños, esperando el choque con el grueso de la flota de la Liga.
La tensión crece entre las dos armadas, ambas saben que han de disparar sus cañones lo más tarde posible para causar más estragos.
En esta guerra de nervios, son los otomanos los que disparan primero, pero casi todos sus proyectiles van a parar al mar.
Cuando ya les separan menos de 100 metros, los cañones de las galeras de la Santa Liga empiezan a “vomitar” su carga, barriendo las cubiertas otomanas.
Cuando se produce el choque, muchos de los espolones de las galeras consiguen clavarse en los costados del enemigo, rompiendo remos y cubiertas.

Mapa de la batalla
(tomado de Historia de la Armada, 2021)
Tradicionalmente el combate se decidía por el abordaje de la galera enemiga. Pero los españoles habían introducido el disparo previo de arcabucería, antes de saltar sobre la cubierta contraria.
Ahora, borda con borda, comienza otra batalla: un abordaje en el que las infanterías se lanzan a luchar sobre una aglomeración de barcos trabados entre sí por garfios, tablones y pasarelas.
los soldados cristianos disparan una y otra vez sus arcabuces, a lo que los otomanos responden mayoritariamente con flechas.
El objetivo de cada fuerza embarcada es conseguir abordar al contrario y combatir en su puente a golpe de espada hasta matar o echar por la borda a todos los contrincantes.
El Golfo de Lepanto se convierte en un gran campo de batalla que, a su vez, se fragmenta en cientos de pequeños escenarios en los que la suerte puede ser diversa.
Ambos bandos cruzan fuego de arcabuz y de pistolas, flechazos, lanzadas y hasta fuego griego, la famosa bomba incendiaria inventada por los bizantinos.
No se hacen prisioneros, salvo aquellos capitanes distinguidos por los que se pueda pedir un suculento rescate.

Morrión italiano
Es una de las prendas defensivas más clásicas del soldado de infantería del siglo XVI
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El ala izquierda cristiana, que está junto a la costa, es la primera en entrar en combate.
En los primeros momentos se ven parcialmente desbordados por los turcos, pero, habiendo sido reforzados por alguna nave del centro y de la reserva de Álvaro de Bazán, logran imponerse y obligan al enemigo a huir a tierra tras matar a su comandante Sirocco.
El centro de Juan de Austria entra en lucha a continuación, entablando combate frontal con las naves de Alí Pachá e imponiendo su potencia de fuego y su infantería, superior a los enemigos.
Sólo el ala derecha, comandada por Andrea Doria, que se ha alejado a mar abierto, es desbordada por el grupo de Uluch Alí, quien logra hundir y arrasar unas cuantas galeras cristianas. Entre ellas está la nave capitana de la Orden de Malta, cuya tripulación es exterminada. Pero la llegada de refuerzos del centro y la reserva hace huir a los turcos con lo que queda de sus barcos, llevándose una galera veneciana como botín.
A las cuatro de la tarde, Alí Pachá recibiría un impacto de arcabuz certero y mortal cayendo a plomo sobre la cubierta.

Espada de cazoleta
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Felipe II y Ana de Austria. Medalla conmemorativa de la batalla naval de Lepanto.
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El fracaso del asalto frontal de los otomanos y el auxilio de la reserva cristiana a su alejada ala derecha dieron la victoria a Juan de Austria.
“Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba…El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos. A otros que nadando se arrimaban a las galeras para salvar la vida a costa de su libertad, y aferrando los remos, timones, cabos, con lastimosas voces pedían misericordia, de la furia de la victoria arrebatados les cortaban las manos sin piedad, sino pocos en quien tuvo fuerza la codicia, que salvó algunos turcos”.
A las 6 de la tarde, la batalla parece llegar a su fin.

Revelación a San Pío V de la victoria de la Santa Liga en Lepanto
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DESPUÉS DE LA BATALLA

Es la hora del saqueo, y las tripulaciones discuten por ver cuántas galeras enemigas logran remolcar.
El BALANCE de bajas en la Santa Liga es de 15 galeras perdidas, una de ellas capturada, 7.650 muertos y 7.784 heridos.
Son liberados unos 12.000 galeotes cristianos.
En el bando otomano se han hundido 15 galeras y otras 160 han sido capturadas; el número preciso de muertos se desconoce, pero se evalúa en unos 30.000. Más exacta es la cifra de prisioneros, unos 8.000, que serán convertidos en esclavos. Sólo Uluch Alí con unos pocos buques había podido salvarse del desastre.
Los turcos habían perdido su fama de invencibles y su expansión marítima quedó frenada.
El Imperio otomano perdió su potencia naval. El sueño de cerrar el Adriático, de someter Venecia, ocupar Malta, Sicilia y Cerdeña, incluso provocar un levantamiento generalizado de los moriscos españoles, se esfumó.
Sin Lepanto, la historia del sur de Europa podría haber sido muy diferente.
Lepanto consolidó la alianza establecida por la Monarquía Hispánica en Italia, con todas las consecuencias a nivel cultural que ello conllevó en el siglo del Barroco. La unidad europea, basada en una cultura y en una historia común, hubiera sido imposible sin el combate de aquella mañana del 7 de octubre, cuando en inferioridad de condiciones, soldados y marinos españoles, italianos y alemanes ganaron el que es, hasta la fecha, el combate naval más sangriento de la Historia.
Un cronista de excepción llamado CERVANTES, inmerso en unas fiebres que lo tenían doblado, aportaría una lúcida y dramática crónica de aquella terrible batalla, que quedará para la historia como herencia y descripción del horror en sus formas más extremas.
LOS TROFEOS DE LA BATALLA

Las Casas nobles y los principales templos de la Cristiandad atesoraron los trofeos de la batalla.
El estandarte de la capitana cristiana terminó en la catedral de Toledo.
Los fanales y cañones de galeras enemigas quedaron en poder del marqués de Santa Cruz.
Su lugarteniente en la galera capitana, Miguel de Moncada, en cuyo tercio servía Miguel de Cervantes, herido en combate, entregó al convento de Nuestra Señora del Remedio (Valencia) la “aljubla de tela de oro de Alí Pachá, general de la armada otomana y un estandarte de seda de una galera de la naval”.
Fernando Carrillo de Mendoza, VII conde de Priego, mayordomo mayor y consejero de Juan de Austria, que dio a Pío V la noticia de la victoria de Lepanto sobre los turcos, recibió una bula de jubileo para la Capilla del Rosario de la parroquia de Priego (Cuenca), donde también funda el convento de San Miguel de la Victoria en 1572.
Mientras que Alonso Gutiérrez de los Ríos y Sotomayor, XIII señor de la villa de Fernán Núñez, tomó la vela de una galera otomana en la que uno de sus sucesores hizo pintar a Francisco Meneses Osorio (1640-1721), discípulo de Murillo, el repostero de la Casa Ducal que, con el paso del tiempo, se expuso en la Exposición Universal de Sevilla (1929) y hoy se conserva en el Museo Naval de Madrid.
Fanal de La Loba, capitana de la escuadra de Nápoles, a cargo de
Álvaro de Bazán en la Batalla de Lepanto
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