3 CERVANTES Y SU OBRA LITERARIA
MIGUEL DE CERVANTES: Un cronista de excepción
El linaje de los Cervantes tiene un origen común en Toledo, de donde parten dos líneas: una en Extremadura, donde quedan algunos importantes testimonios del esplendor de los Cervantes extremeños como la solariega casa que se yergue en el portal alto de la Plaza Mayor de Trujillo, y la otra en Andalucía, concretamente Córdoba, de la que procede Miguel de Cervantes Saavedra.
A su abuelo paterno, Juan, lo encontramos afincado en Córdoba desde 1538 hasta su muerte en 1556. Ejerció de abogado de la Inquisición en Córdoba y después su hijo Rodrigo, padre de Miguel, ocupó el cargo de cirujano de la prisión del Santo Oficio en la misma ciudad (1553-1556).
No se tienen demasiados conocimientos de la vida de don Miguel de Cervantes y Saavedra. Sabemos que nació en Alcalá de Henares en 1547 y que, durante su infancia y juventud vivió en distintas ciudades españolas como Madrid, Valladolid o Sevilla, falleciendo en Madrid el 23 de abril de 1616.
De Alcalá salen las menciones a los Santos Justo y Pastor repetidas en sus obras.
En el Coloquio de los perros cita el Hospital de la Resurrección “que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la puerta del Campo” como recuerdo de su niñez.
Siendo un joven de 20 años, viajó a Roma para servir al cardenal Acquaviva. Una vez en Roma recorrió Italia y se enroló en la Armada Española.
Sobre los primeros años de estancia de Cervantes en Italia, sus testimonios lo sitúan en ella en 1568, al servicio de la corona.
“Señor. Miguel de Cervantes sahauedra dice que ha seruido a V.M muchos años en las jornadas de mar y tierra quese han ofrecido de veinte y dos años a esta parte…”
Archivo General de Indias (Sevilla). Memorial a
S.M Felipe II, 21 mayo de 1590
VIDA DE MIGUEL DE CERVANTES
| 1547 | Nacimiento en Alcalá de Henares. Fue el cuarto hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. |
| 1566 | La familia Cervantes está establecida en Madrid donde el joven Miguel asiste al “Estudio de la Villa” regentado por el humanista Juan López de Hoyos. Allí mantiene contacto con poetas como Pedro Laínez o Gálvez de Montalbo. |
| 1571 | Se alista en la compañía de Diego de Urbina para hacer frente a la amenaza turca en el Mediterráneo. El mismo año embarca en la galera Marquesa donde enferma de malaria, lo que no es obstáculo para participar en la batalla de Lepanto. Las heridas sufridas en la batalla por unos disparos de arcabuz le dejan inutilizada la mano izquierda, lo que le valió el posterior sobrenombre de “El manco de Lepanto”. |
| 1572 - 1575 | Como infante de marina pasa temporadas en Cerdeña, Génova y Nápoles. |
| 1575 - 1580 | Cuando se dirigía a España es apresado y sufre cinco años de cautiverio en Argel. En 1580 los padres Trinitarios consiguieron pagar su rescate y su liberación. |
| 1584 | Cervantes se casa con Catalina de Salazar y se establece en Esquivias, aunque hará continuos viajes a la Corte de Madrid. También se desplaza con frecuencia a Toledo, en uno de cuyos barrios sitúa el hallazgo del manuscrito del supuesto autor de la Historia de Don Quijote y donde encuentra inspiración para La ilustre Fregona. |
| 1587 | Es nombrado Comisario Real de Abastos para la Armada Invencible. Recorre así Andalucía requisando aceite y trigo para la flota, lo que llegó acostarle la excomunión por recaudar grano eclesiástico y la cárcel por venta ilegal de trigo. |
| 1608 | Se encuentra de nuevo en Madrid, donde pasará los últimos años de su vida. |
| 1616 | Miguel de Cervantes fallece el 22 de abril de 1616 y es enterrado en el convento de las Trinitarias. |
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Detalle del monumento a Cervantes
SOLDADO Y LITERATO
Cervantes abrazó el camino de las armas y con 24 años recién cumplidos fue testigo y protagonista directo de uno de los más cruentos espectáculos de la historia: la batalla de Lepanto, donde demostró su valentía personal pues enfermo de malaria luchó en primera línea.
Cervantes será conocido en la literatura universal tanto por ser el manco de Lepanto como el padre del Quijote.
“Súpose cierto que venía por general desta liga el serenísimo don Juan de Austria, hermano natural de nuestro buen rey don Felipe. Divulgóse el grandísimo aparato de guerra que se hacía. Todo lo cual me incitó y conmovió el ánimo y el deseo de verme en la jornada que se esperaba”.
(Quijote I-XXXIX)
En aquella ocasión, “la más alta ocasión de la historia”, nos dirá el mismo Cervantes, él se batió con valor y perdió la mano izquierda para honor de la derecha, porque, posteriormente, con ella abrió una brecha definitiva en el campo de las letras escribiendo uno de los grandes monumentos de la historia literaria universal.
En el prólogo a la segunda parte de El Quijote, él mismo nos dice “que la batalla de Lepanto fue la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, y esperan ver los venideros”. Fue así como calificó el enfrentamiento el soldado Cervantes.
Bien sé que en la naval, dura palestra,
perdiste el movimiento de la mano izquierda
para gloria de la diestra.
Con estos versos del Viaje al Parnaso recuerda Cervantes su intervención en Lepanto.
Como hemos dicho, tenía 24 años, los mismos que Juan de Austria, cuando se embarcó en la galera situada a la izquierda en la batalla de Lepanto y a cuyo mando estaba el veneciano Barbarigo. A Cervantes, mareado en aquel día y con fiebre, le aconsejaron que se retirara de la batalla pero él no quiso alegando que prefería “morir por Dios y por su rey”.
Así relataba la escena un testigo presencial:
“El dicho Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura; y […]su capitán y […]otros muchos amigos le dijeron “que pues estaba malo, no pelease, y se retirase y bajase debajo de cubierta de la dicha galera, porque no estaba para pelear”. Miguel de Cervantes respondió muy enojado: “Señores, en todas las ocasiones que hasta hoy en día se han ofrecido de guerra a S.M. y se me ha mandado y servido muy bien, como buen soldado; y ansí, ahora, no haré menos, aunque esté enfermo y con calentura; más vale pelear en servicio de Dios y de S.M. y morir por ellos que no bajarme so cubierta”, y que el capitán le pusiese en la parte y lugar que fuese mas peligrosa y que allí estaría y moriría peleando”. Documento transcrito por Pedro Torres Lanzas: Información de Miguel de Cervantes de lo que ha servido a S.M. y de lo que ha hecho estando captivo en Argel”.
En Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, XII, 1905, pp.355-397, esp.350-351
Fue destinado al frente de 12 arcabuceros, al esquife, donde los abordajes suponían un riesgo letal. Los presagios se cumplieron fatalmente: la Marquesa sufrió unas 40 bajas mortales y más de un centenar de heridos.
Cervantes fue herido de tres disparos de arcabuz: los dos primeros le alcanzaron el pecho y el tercero le inutilizó la mano izquierda. De esta herida, que recordará con orgullo como el mejor trofeo de guerra, nacerá la imagen del “manco de Lepanto”.
“[Este] es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha […]. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria”.
Prólogo de Miguel de Cervantes a sus Novelas ejemplares, edición de Jorge García López. Barcelona: Críitica, 2001, pp. 16-17. También es recordada en la Epístola a Mateo Vázquez, en Viaje al Parnaso. Poesías varias / edición de Elías Rivers.
Madrid: Espasa Calpe, 1991, pp.133-138
Las heridas del pecho sanaron y como recompensa a su coraje fue promocionado a un grado superior: soldado de primera de los tercios españoles, el colectivo militar de más fama.
A pesar de sus heridas, que le llevaron a una incapacidad parcial, prosiguió con su vida militar.
Tras seis meses en un hospital de Messina, reanudará su vida militar en 1572, tomando parte en diversas expediciones navales. Formará parte del tercio de Lope de Figueroa, embarcado en las galeras de Álvaro de Bazán para las campañas de 1572, y de ello se habla en el Quijote I-XXXIX.
Junto a su hermano menor, Rodrigo, Cervantes entró en batalla en Corfú, también al mando de Juan de Austria. En 1573 y 1574 se encontraba en Sicilia y en Nápoles. Es posible que pasara por Génova a las órdenes de Lope de Figueroa, puesto que la ciudad aparece descrita en su novela ejemplar El licenciado Vidriera, y finalmente se dirigiera a Roma, donde frecuentó la casa del cardenal Acquaviva, a quien dedicaría La Galatea.
Miguel de Cervantes siempre se mostró orgulloso de su condición de herido de guerra e incluso entre sus rivales literarios, como Lope de Vega, se le mostraba respeto por ello.
Fue esta la época en que se propuso conseguir una situación social y económica más elevada dentro de la milicia mediante su promoción al grado de capitán, para lo cual obtuvo dos cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de Austria y por el virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente actuación en la batalla de Lepanto. Con esta intención, Rodrigo y Miguel de Cervantes se embarcaron en la goleta Sol, que partió de Nápoles el 20 de septiembre de 1575, y lo que debía ser un expedito regreso a la patria se convirtió en el principio de una infortunada y larga peripecia.
En 1575 fue apresado por los corsarios y vivió prisionero durante cinco años en Argel, siendo liberado por los frailes trinitarios.
A poco de zarpar, la goleta se extravió tras una tormenta que la separó del resto de la flotilla y fue abordada, a la altura de Marsella, por tres corsarios berberiscos al mando de un albanés renegado de nombre Arnaute Mamí. Tras un encarnizado combate y la consiguiente muerte del capitán cristiano, los hermanos cayeron prisioneros. Las cartas de recomendación salvaron la vida a Cervantes, pero serían, a la vez, la causa de su prolongado cautiverio: Mamí, convencido de hallarse ante una persona principal y de recursos, lo convirtió en su esclavo y lo mantuvo apartado del habitual canje de prisioneros y del tráfico de cautivos corriente entre turcos y cristianos. Esta circunstancia y su mano lisiada lo eximieron de ir a las galeras.

En Argel convivían cristianos y musulmanes con cierta armonía en una sociedad organizada y avanzada, y así lo refleja Cervantes en obras como Los baños de Argel y El trato de Argel.
Argel era en aquel momento uno de los centros de comercio más ricos del Mediterráneo. En él muchos cristianos pasaban de la esclavitud a la riqueza renunciando a su fe. El tráfico de personas era intenso, pero la familia Cervantes estaba bien lejos de poder reunir la cantidad necesaria siquiera para el rescate de uno de los hermanos.
Cervantes protagonizó, durante su prisión, cuatro intentos de fuga.
El primero fue una tentativa frustrada de llegar por tierra a Orán, que era el punto más cercano de la dominación española. El moro que tenía que conducir a Cervantes y a sus compañeros a Orán los abandonó en la primera jornada, por lo que los presos regresaron a Argel donde fueron encadenados y vigilados más que antes.
Mientras tanto su madre consiguió reunir cierta cantidad de ducados con la esperanza de poder rescatar a sus hijos; al no ser suficiente la cantidad para rescatar a los dos, Miguel prefirió que fuera puesto en libertad su hermano Rodrigo, quien regresó a España, llevando un plan elaborado por su hermano para liberarlo a él y a sus 14 compañeros.
En su segundo intento de fuga, Cervantes se reunirá con los otros presos en una cueva oculta, en espera de una galera española que vendría a recogerlos, la cual intentó acercarse por dos veces a la playa pero, finalmente, fue apresada. Los cristianos escondidos en la cueva fueron descubiertos al ser delatados por un traidor llamado El Dorado.
Cervantes se declarará como único responsable de organizar la evasión e inducir a sus compañeros, y el gobernador turco de Argel lo encerrará en su presidio donde permanecerá durante cinco meses.
El tercer intento fue mucho más dramático en sus consecuencias: Cervantes contrató un mensajero que debía llevar una carta al gobernador español de Orán. Interceptado, el mensajero fue condenado a muerte y empalado, mientras que al escritor se le suspendieron los dos mil azotes a los que se le había condenado y que equivalían a la muerte. Una vez más la presunción de riqueza le permitió conservar la vida y alargó su cautiverio. Esto sucedía a principios de 1578.
En su último intento de escapar entregará una importante suma de dinero a un mercader valenciano que estaba en Argel, adquiriendo una fragata capaz de transportar a sesenta cautivos cristianos. Pero en el último momento habrá un traidor que revelará el plan al gobernador turco que trasladará a Cervantes a una prisión más segura en su mismo palacio, trasladándolo posteriormente a Constantinopla donde la fuga resultaría empresa casi imposible.
Será liberado el 19 de septiembre de 1580, regresando a España el 24 de octubre.
Su cautiverio en Argel lo refleja en el Quijote y en varias de sus obras de teatro: Los Baños de Argel, Los Tratos de Argel y El gallardo español.
A raíz de su cautiverio en Argel valorará la libertad como un bien fundamental.
De la lectura del Licenciado Vidriera se desprende que Cervantes ya sintió admiración por la libertad de la Italia renacentista, pero la pérdida de su libertad personal será su verdadero caballo de batalla.
En el libro que le daría fama universal, haría decir a su protagonista, don Quijote:
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, asi como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.
Cinco días más tarde, después de un lustro de cautiverio, Cervantes llegó a Denia y volvió a Madrid. Tenía 33 años y había pasado los últimos diez entre la guerra y la prisión; la situación de su familia, empobrecida y endeudada con el Consejo de las Cruzadas, reflejaba en cierto modo la profunda crisis general del imperio, que se agravaría después de la derrota de la Armada Invencible en 1588.
La larga Historia del Cautivo, en el Quijote, refleja esta vida.
Al regresar, Cervantes renunció a la carrera militar, se entusiasmó con las perspectivas de prosperidad de los funcionarios de Indias, trató de obtener un puesto en América y fracasó.
A los 37 años, Cervantes contrajo matrimonio; su novia, Catalina de Salazar y Palacios, era de una familia de Esquivias, pueblo campesino de La Mancha, y probó suerte en el mundo de las letras publicando varios libros.
Meses antes, el escritor había acabado su primera obra importante, La Galatea, una novela pastoril cuyo editor, Blas de Robles, le pagó 1336 reales por el manuscrito. Esta cifra nada despreciable y la buena acogida y el relativo éxito del libro animaron a Cervantes a dedicarse a escribir comedias, aunque era difícil competir con Lope de Vega, dueño absoluto de la escena española. Las dos primeras, La comedia de la confusión y Tratado de Constantinopla y muerte de Selim, escritas hacia 1585 y desaparecidas ambas, obtuvieron relativo éxito en sus representaciones, pero Cervantes fue vencido por Lope, y a pesar de las veinte o treinta obras compuestas en esta etapa, de las que solo conocemos nueve títulos y dos textos, Los Tratos de Argel y Numancia, alrededor de 1600 deja de escribir comedias, retomando esta actividad en el fin de sus días.
Entre 1585 y 1600 fija su residencia en Esquivias, aunque solía visitar Madrid donde alternaba con los escritores de su tiempo, leía sus obras y mantenía una permanente querella con Lope de Vega.
Las enemistades de los hombres que trataban de ganar al público con sus obras debieron ser terribles; si no, es difícil juzgar la ceguera de Lope al emitir su juicio sobre el Quijote:
“…no hay nadie tan necio que alabe a Don Quijote”.
Lope de Vega nace en Madrid en 1562, hijo de un artesano bordador. Al igual que Cervantes, no fue universitario.
Gran poeta lírico y dramaturgo de primera categoría; su genio abarcó todos los géneros literarios.
Entre sus características destacan: la universalidad de sus temas y la naturalidad con que construye sus obras.
En 1587 ingresó en la Academia Imitatoria, primer círculo literario madrileño, y ese mismo año es designado comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible. También este destino le fue adverso: en Écija se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo recaudatorio y fue excomulgado; en Castro del Río fue encarcelado (1592), acusado de vender parte del trigo requisado. Al morir su madre en 1594, abandonó Andalucía y volvió a Madrid.
Pero las penurias económicas siguieron acompañándole. En esta época de extrema carencia comenzó probablemente la redacción del Quijote.
En 1605 apareció en Madrid El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Su autor era, por entonces, un hombre enjuto, delgado, de 58 años, poco hábil para ganar dinero, pusilánime en tiempos de paz y decidido en tiempos de guerra.
La fama fue inmediata, pero los efectos económicos apenas se hicieron notar.
El éxito le dura poco.
En sus últimos años de vida publicó varias obras como Novelas ejemplares, Viaje del Parnaso o la Segunda parte del Quijote (1615).
Murió en Madrid en 1616.


Mapa de una porción del Reyno de España que comprende los parages por donde anduvo don Quixote y los sitios de sus aventuras
Museo Naval de Madrid
BIOGRAFÍA Y RETRATO
La biografía de Cervantes se ha ido elaborando a partir de las referencias y alusiones que el propio Cervantes fue intercalando a lo largo de su obra literaria, de lo que, al parecer, se sirvió Gregorio Mayans y Siscar en 1738 para escribir Vida de Miguel de Cervantes considerada la primera biografía del genial escritor, y de una segunda fuente compuesta por los diversos documentos conservados que han ido aflorando a partir del S.XIX, algunos de los cuales fueron utilizados por Martin Fernández de Navarrete para elaborar la biografía que aparece en la edición de la Real Academia Española de 1819.
Pero será entre 1948 y 1958 cuando Luis Astrana Marin saca a la luz, en la editorial Reus, su monumental Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes, en la que se compendian más de mil documentos sobre Cervantes.
Eran tiempos en los que la Marina ocupaba los espacios de la ciencia que las caducas universidades eran incapaces de rellenar.
Entre los miembros de las comisiones cervantinas hay que destacar al citado Martin Fernández de Navarrete que, en 1819, publicó Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, basada esencialmente en los documentos descubiertos en los últimos cincuenta años. Pero también hay que recordar a Sanz de Barutell que, en 1805, fue el primero en ser enviado a Simancas a buscar expedientes militares de Cervantes, mientras se hacía lo propio con Elcano o con Cervantes en el Archivo de Indias.
También el retrato de Cervantes ha sido motivo de diferentes especulaciones a lo largo de los siglos y en 1948 Enrique Lafuente elaboró un recorrido por todos los retratos conocidos en su obra La novela ejemplar de los retratos de Cervantes.
Cervantes se pinta a sí mismo en el prólogo de las Novelas Ejemplares, cuando tenía casi 70 años:

“Esta que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa, alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste, digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha…”.
LA OBRA DE CERVANTES

Cervantes escribe sus primeros poemas en 1568 con motivo de la muerte de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que se incluyeron en la Relación oficial de las exequias de la Reina Isabel.
Tras su participación en la batalla de Lepanto y sus años de cautiverio en Argel, en 1582 Miguel de Cervantes se encuentra en Madrid, integrándose en los ambientes literarios de la capital. Comienza la redacción de La Galatea que se publicará en 1585, una novela pastoril con una mezcla de prosa y verso, seguidora de la Diana de Montemayor, con la que Cervantes intentó darse a conocer como narrador y poeta.
Interesado por el teatro comienza, también, El Trato de Argel y La Numancia, dos piezas con las que quiso contribuir a su expansión, aunque no se sabe si tuvo éxito de público porque las obras de temas dramáticos fueron desplazadas por la nueva forma de hacer comedias creada por Lope de Vega.
Entre 1590 y 1593 sigue escribiendo algunos poemas sueltos, como Odas a la Invencible, romance a La morada de los celos…y, también, empieza a redactar novelas cortas como Novela del cautivo, Rinconete y Cortadillo o El celoso extremeño.
A principios de 1605, publica El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, tras varias estancias breves en la cárcel donde podría haber esbozado el plan de la obra.
El Quijote ha sido una obra de tanta vitalidad en la literatura que sigue inspirando arte y admiración en todos. Su universalidad se ha impuesto a todas las generaciones. Cervantes consiguió crear una obra en la que admirablemente ha unido las dos personalidades que hay en cada hombre: la idealista y la materialista.
Entre 1590 y 1612, dada la gran acogida que tuvo con la primera parte del Quijote, escribe una serie de novelas cortas que acabará reuniendo en la colección de Novelas ejemplares del honestísimo entretenimiento durante 1613, y que tuvieron gran éxito como lo demuestran las numerosas ediciones que se llevaron a cabo a lo largo del siglo XVII.
En 1614 publica la obra Viaje del Parnaso, su único poema narrativo extenso, en el que narra a través de ocho capítulos el viaje al monte Parnaso del propio autor a bordo de una galera al mando de Mercurio. En esta obra Cervantes hace una crítica a poetas de su época a través de una alegoría literaria con personajes mitológicos; también incluye referencia a sus obras anteriores y a recuerdos de su propia vida, salpicados con suave ironía y humor.
En 1615 ven la luz las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados, dedicadas al conde de Lemos, escritas en diferentes épocas de su vida pero que no fueron representadas.
El propio Cervantes indica en el Prólogo al lector de la obra “no hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las tenía, y así las arrinconé en un cofre y las consagré y condené al perpetuo silencio”. Al no conseguir que fueran representadas, Cervantes decidió publicar en papel estas piezas teatrales para disfrute de un público entendido.
Y en esa misma fecha se publica la Segunda parte del Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha en los talleres madrileños de Juan de la Cuesta.
Los trabajos de Persiles y Sigismunda es la última obra de Cervantes que, tras su fallecimiento, manda imprimir su esposa Catalina de Salazar en 1617. En esta obra escribe la dedicatoria al conde de Lemos el 19 de abril de 1616, cuatro días antes de morir, donde se despide de la vida citando estos versos:
CERVANTES Y EL MEDITERRÁNEO
Aunque la visión que Cervantes tiene del Mediterráneo viene marcada por la confrontación con los otomanos, y por la batalla de Lepanto de 1571, en la que participó como soldado, su mirada curiosa sobre los musulmanes no se refugia en la simplificación y no huye de los matices y la singularidad, a la hora de hablar de los turcos o hasta de describir Argel, la ciudad donde estuvo preso más de cuatro años, en manos de los corsarios bereberes.
Barcelona, Roma, Lepanto, Túnez y Argel constituyen etapas de un periplo mediterráneo donde los libros y la guerra se alternaron y durante el cual Cervantes conoció, y protagonizó, momentos de confrontación entre las dos grandes civilizaciones mediterráneas.
También pudo descubrir la noción de “convivencia” que había sido eliminada de la vida española un siglo antes, cuando vio como musulmanes y cristianos convivían en Argel, y comprobar que, en el Mediterráneo, lo peor de los cautiverios no siempre acaba con la muerte del cautivo.
Cervantes supo captar con cierta sutileza un período histórico que algunos contemporáneos suyos describieron a grandes rasgos.
El Quijote y toda su obra respiran las vivencias de los
12 años en que deambuló por el Mediterráneo, de
Roma a Lepanto, de La Goleta a Argel.













